Breves de confinamiento

Una comedia de sketches de Jean-Pierre Martinez

Inspirada en la crisis sanitaria del coronavirus.
Reparto
16 personajes
Todos los personajes pueden ser interpretados indistintamente por hombres o mujeres.
De 2 a 16 intérpretes (hombres y/o mujeres).


Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra. 


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La canción de la obra.

Esta canción puede utilizarse en el marco de una puesta en escena, previa solicitud al autor y sin coste adicional de derechos. El archivo de audio está disponible bajo solicitud, tras haber obtenido previamente la autorización del autor para la utilización del texto de la obra.


El confinamiento, revelador de todos nuestros encierros

A través de dieciséis sketches, la obra recoge situaciones surgidas de la crisis sanitaria antes de llevarlas hasta el absurdo y la distopía. Salvoconductos, vacunas, mascarillas, teletrabajo, aislamiento o reapertura de los cafés componen al principio un universo inmediatamente reconocible. Poco a poco, sin embargo, esta realidad se desliza hacia un futuro en el que los virus dialogan entre sí, los seres humanos sirven de cobayas y los órganos de los condenados se convierten en piezas de recambio de una nueva economía.

El confinamiento no es solo el tema del conjunto: se convierte en su propio principio dramatúrgico. Los personajes están casi siempre encerrados de dos en dos, ya sea en una pareja, en una habitación de hospital, en una conversación telefónica o en una celda. Intentan comunicarse, pero permanecen prisioneros de sus miedos, de sus certezas y de un lenguaje oficial que se ha vuelto incomprensible. La forma breve del diálogo pone de relieve esta soledad, mientras que el reparto, muy flexible, permite montar el espectáculo con entre dos y treinta y dos intérpretes.

El mecanismo cómico se basa en el desvío del vocabulario sanitario, administrativo y mediático. Una vacuna acude a una entrevista de trabajo, dos virus comparan sus carreras y la pérdida del gusto se convierte en una epidemia de mal gusto. Tras estas inversiones se perfila una sátira de los discursos políticos, la vigilancia, el mercado farmacéutico y las teorías de la conspiración. La crisis actúa como un revelador: pone al descubierto la fragilidad de las parejas, la soledad de los individuos y los absurdos de una «vida normal» que, sin embargo, todos aseguran querer recuperar.

A medida que se suceden los sketches, el confinamiento sanitario adquiere una dimensión más amplia. Se vuelve social, político, económico y, finalmente, existencial. La última escena devuelve esta reflexión al propio teatro, un arte basado en la presencia colectiva especialmente amenazado por el cierre de las salas. Ante la posibilidad de una última representación, actores y espectadores toman conciencia de aquello que todavía los une: el frágil privilegio de estar reunidos en el mismo lugar y en el mismo instante, antes de que se apague la luz.