Monólogos de Jean-Pierre Martinez
Monólogos poéticos, psicoanalíticos y humorísticos
Sin ser filósofo y sin recostarse en el diván de un psicólogo, en nuestros momentos de ocio o durante nuestras noches de insomnio, cada uno de nosotros se cuestiona el sentido de la vida. Al menos el sentido de la suya propia. De esta manera, nos planteamos pequeñas preguntas sin grandes respuestas. O incluso grandes preguntas sin ni siquiera un atisbo de respuesta. A menos que la rutina diaria de repente descarrile y nos arroje, con vértigo, al borde del abismo insondable del sentido. Un fondo tormentoso puede entonces emerger a la superficie, dejando entrever, como un monstruo marino, un sentido prohibido… que constituye la esencia trágico-cómica de nuestras existencias cotidianas. Un descenso cómico a las profundidades de nuestras vidas superficiales…
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El vértigo cómico de estar en el mundo
Como un pez en el aire reúne veintitrés monólogos en los que un individuo aparentemente corriente intenta comprender qué hace allí, tanto sobre el escenario como en la existencia. Un insomnio, un trayecto en coche, una sesión con el psicólogo, una conversación sobre el amor o un simple recuerdo de viaje bastan para desencadenar una reflexión que enseguida desborda su punto de partida. No se trata de ofrecer respuestas filosóficas, sino de dar voz a una conciencia en movimiento, que busca un sentido a su vida mientras duda de que ese sentido pueda existir realmente.
La escritura avanza mediante asociaciones de ideas, deslizamientos de significado y conexiones inesperadas. Una expresión cotidiana se toma al pie de la letra, una anécdota trivial se abre de pronto hacia el infinito y, acto seguido, una broma devuelve bruscamente el pensamiento a su dimensión más prosaica. Así, las tareas domésticas conducen a una teoría política, una bola de nieve se convierte en un modelo reducido del universo y una avería del proyector, en una metáfora de la existencia. Este pensamiento digresivo parece estar siempre a punto de perder el hilo, pero sus desvíos van dibujando poco a poco una coherencia secreta. La comicidad nace precisamente de ese tránsito constante entre lo insignificante y lo metafísico.
Tras el humor se revela una inquietud permanente: ¿cómo habitar un mundo al que uno no se siente del todo adaptado? El título subvierte la expresión «como pez en el agua» para evocar a un ser privado de su elemento natural, condenado a buscar el aire que le permita respirar. Los monólogos exploran así la identidad, el envejecimiento, el amor, la soledad, la muerte, Dios, las desigualdades sociales y la memoria. El viaje ocupa un lugar central, pero rara vez conduce hacia un destino seguro. Se conduce para retrasar la llegada, se atraviesa el mundo para perder una cita y se intenta regresar a un origen que quizá solo exista en el relato que uno se ha construido sobre él.
La forma del monólogo convierte al público en un interlocutor silencioso. Según los textos, puede ser psicoanalista, autoestopista, clase de alumnos, asamblea de ciudadanos o simple confidente. La palabra solitaria adopta así la forma paradójica de un diálogo: el personaje interpela a los espectadores, anticipa sus reacciones y utiliza su silencio para relanzar su propio pensamiento. El último texto confiere al conjunto una resonancia más íntima al convertir la escritura en una patria y el regreso hacia uno mismo en una odisea. Partiendo del miedo a no ser nadie, el hablante termina por reconocerse como «el autor de sus días». Entre esos dos puntos, Comme un poisson dans l’air transforma el desconcierto existencial en materia teatral: una forma de reírse del absurdo para conseguir, a pesar de todo, seguir respirando.