Una comedia de Jean-Pierre Martinez
10 personajes : 4H/6M, 3H/7M, 2H/8M,
Si la vejez es un naufragio, la vida puede ser comparada con un crucero en el Titanic. Algunos se relajan en tumbonas en la cubierta, mientras que otros reman en la bodega. Pero todos terminarán siendo alimento para los peces. Así que mientras se espera el inevitable encuentro con un iceberg, para aquellos que puedan hacerlo, al son de la orquesta, es mejor hacer sonar los cubitos de hielo en su vaso. Una comedia fuertemente teñida de humor negro. La primera sitcom metafísica cuya acción se desarrolla en una residencia de ancianos medicalizada.
Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra.
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La canción de la obra.
Letra y música: Jean-Pierre Martinez
Esta canción puede utilizarse, sin carácter obligatorio, en el marco de una puesta en escena, previa solicitud al autor y sin coste adicional de derechos.
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Envejecer sin desaparecer: la residencia de mayores como teatro de la vida
Nada más llegar a Les Sapins, Blanche se incorpora a una comunidad de residentes que organiza sus días en torno a los sillones, las comidas y la espera de la próxima partida. Cuando varias muertes empiezan a resultar sospechosas y la posibilidad de un crucero despierta las codicias, la residencia se transforma en un escenario cerrado de intriga policial. A medio camino entre un embarcadero y una sala de espera, aparece como un barco en el que cada cual intenta conservar su plaza el mayor tiempo posible.
La obra adopta el ritmo de una sitcom: un único espacio, personajes recurrentes y una acción dividida en distintos momentos del día. Los malentendidos provocados por la sordera o los fallos de memoria, las rivalidades insignificantes y las bromas macabras alimentan un mecanismo cómico muy dinámico. La intriga criminal sirve menos para mantener el suspense que para revelar los deseos, las frustraciones y el instinto de supervivencia de los residentes.
El humor negro permite, sobre todo, escapar de cualquier visión miserabilista de la vejez. Estos personajes mayores flirtean, mienten, conspiran y defienden ferozmente sus intereses. Frente a ellos, los más jóvenes hablan de liberar camas, de costes, de clasificaciones o de intervenciones médicas como si estuvieran gestionando existencias. El paralelismo entre las listas de espera de las guarderías y las de las residencias de mayores inscribe esta sátira en una reflexión más amplia sobre la organización social de la existencia, desde el nacimiento hasta la muerte.
El epílogo invierte con malicia la relación entre las generaciones: los residentes parecen rejuvenecidos, mientras que quienes los atienden están prematuramente agotados. La llegada de un recién nacido cierra el círculo al dar la bienvenida a un nuevo pasajero a bordo. La metáfora del Titanic recuerda que todos comparten el mismo destino, aunque unos viajen en cubierta y otros en la bodega. En esta travesía desigual, la risa sigue siendo la última forma de resistirse al naufragio.