Una comedia de Jean-Pierre Martinez
Hasta 28 hombres y 28 mujeres. La distribución es flexible en cuanto al número (varios roles pueden ser interpretados por un solo actor) y en cuanto al sexo (varios roles pueden ser tanto masculinos como femeninos).
Un teatro también puede ser el escenario donde ocurren historias raras que tienen como tema… el mundo del teatro. 30 escenas muy breves de una página como máximo.
Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra.
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El escenario, laboratorio del lenguaje y de las apariencias
Treinta escenas muy breves reúnen a dos personajes en el espacio casi desnudo del teatro. Se cruzan, esperan, observan al público o comentan lo que los rodea. Una situación aparentemente anodina, una expresión hecha o un simple malentendido bastan entonces para hacer surgir todo un mundo. La forma es muy flexible: los papeles pueden repartirse libremente y un mismo intérprete puede encarnar a varios personajes.
Cada sketch se basa en un mecanismo de gran precisión. Una expresión se toma al pie de la letra, una palabra cambia de sentido o una convención teatral se convierte de pronto en realidad. La progresión conduce rápidamente de la lógica cotidiana al absurdo, antes de que una última réplica cierre la escena a modo de remate. Esta extrema brevedad confiere al diálogo la densidad de un aforismo cómico.
El teatro se convierte de forma natural en el tema de su propio juego. Un foco se transforma en luna, el público en una multitud o en un banco de peces, mientras que un falso bombero puede anunciar un incendio verdadero. Actores, apuntadores, profesores de arte dramático, teatros privados, subvencionados o compañías aficionadas son observados con una ironía afectuosa. La frontera entre el escenario y la sala permanece así constantemente abierta.
Bajo su aparente ligereza, estas miniaturas interrogan el poder de las palabras. Son ellas las que dan nombre a los colores, fabrican los sentimientos, definen las identidades y otorgan realidad a aquello que todavía no existe. Al reducir el teatro a sus elementos esenciales —dos presencias, unas pocas palabras y la mirada del público—, Brèves de scène recuerda que actuar consiste, ante todo, en hacer nacer, casi de la nada, un universo compartido.